trucos blogger

sábado, 22 de marzo de 2014

Karen y Ana Carolina, adolescentes y asesinas



Si las vidas de Karen y Ana Carolina fueran películas, podría pensarse que se basaron en el mismo guión, sólo con pequeños cambios. Entre ellas no se conocieron, pero sus historias tienen muchas similitudes. Ambas crecieron sin sus padres biológicos; las dos fueron adoptadas desde bebés; y al llegar a la adolescencia asesinaron de forma brutal a sus familias para robarles. Tanto una como la otra actuaron en compañía de sus novios y amigos, a los que convencieron de convertirse en criminales; y en una macabra coincidencia, las dos quemaron los cuerpos para aparentar que todo era obra del crimen organizado.



Ana, la niña rica.

Hace menos de un año, en mayo pasado, Ana, entonces de 17; su novio Alberto y Mauricio, un amigo cercano, ingresaron silenciosamente a la casa de los señores María Albertina Enríquez Ortegón y Efrén López Tarango, de 69 y 88 años, respectivamente, quienes eran padres adoptivos de la joven.

Entre los tres sometieron a la madre sin hacer ruido; luego ella fue hasta la recamara de su padre y lo invitó a la cocina, donde sus cómplices se le abalanzaron por la espalda.

Ana creció en un ambiente de amor, nunca le faltó nada, según relataron parientes cercanos.

Sus padres le dieron una vida cómoda económicamente, de hecho después se supo que su plan era asesinarlos para heredar varios millones de pesos en cuentas bancarias y propiedades.

Los señores López tuvieron varios hijos, pero cuando estos crecieron quisieron adoptar una niña. Su posición social les permitía evitar que alguna pequeña creciera en un orfanatorio.

Esa noche fueron golpeados por minutos, luego los estrangularon y les inyectaron cloro con insecticida en el cuello, para asegurarse que estuvieran muertos. Ahí los dejaron un día entero, inertes, tirados en la cocina, bañados en sangre.

Ana y su novio dedicaron la mañana siguiente a gastar dinero compulsivamente en varios centros comerciales dándose lujos, pagando con las tarjetas de débito de sus víctimas.

De acuerdo con el criminólogo que estableció el perfil sicológico de la joven, ella jamás tuvo arrepentimiento por el crimen, que estuvo planeando por cerca de un año. A pesar de la vida que le dieron, consideraba a sus padres un estorbo y decidió quitarlos de en medio, reveló el especialista.

La noche posterior al crimen, los tres asesinos limpiaron meticulosamente la cocina, para que no quedara una sola evidencia de lo que ahí acababa de ocurrir.

Durante el interrogatorio, Ana explicó a los agentes del Ministerio Público lo que según ella sucedió, y al caer en varias contradicciones, sospecharon de su responsabilidad.

"Metieron los cuerpos en bolsas de plástico y ya en la madrugada los subieron a una camioneta propiedad de las víctimas, compraron gasolina y los llevaron hasta el lugar donde fueron encontrados, ahí los rociaros con combustible y les prendieron fuego hasta calcinarlos, luego fueron al norte por la carretera a ciudad Juárez hasta tomar el camino que conduce a Namiquipa donde quemaron el automotor", explica la información oficial ofrecida tras el arresto.

Ana, quien era beneficiaria de un fideicomiso que garantizaba su educación profesional en las mejores universidades de los Estados Unidos, fue sentenciada a 14 años y seis meses de cárcel. Actualmente cursa el quinto semestre de la preparatoria mediante cursos a distancia que ofrece la SEP.

El terapeuta del penal comentó que a la fecha se siente satisfecha de haber matado a sus padres adoptivos, lo único que lamenta es no poder ver su novio.

Karen, la niña pobre

Su padre biológico está preso en un penal federal de máxima seguridad, desde hace años es parte de un grupo del crimen organizado. Su verdadera madre es prostituta en el centro de ciudad Juárez, mientras que su hermano menor es un delincuente, incluso una versión señala que también se prostituye.

Karen, creció en un entorno desolador y desde los dos años, cuando apenas daba sus primeros pasos, sus padres la hicieron adicta a la cocaína, la cual ellos consumían con frecuencia.

Hoy tiene 15 años, y aunque pareciera que la vida le dio una otra oportunidad, hace unos días se convirtió en la asesina de los dos seres que buscaron darle todo el cariño que nunca tuvo.

Los cuerpos de Elsa Ruth Palmero Serment y Kathia Natalia López Palmero, madre adoptiva y hermanastra de Karen, fueron encotrados en un terreno baldío en medio de un parque de maquiladoras de ciudad Juárez, la semana pasada.

Estaban irreconocibles, completamente calcinados. Las autoridades tardaron varios días en identificarlos por las condiciones de violencia que presentaban.

"Las odiaba, me pegaban mucho", dijo Karen a los medios de comunicación para tratar de justificarse. Pero luego terminó por revelar los verdaderos motivos: estaba embarazada y quería dinero para pagar el parto, además de tratar de quedarse con la casa de la familia.

La menor fue arrestada junto con su novio y un amigo, un cuarto cómplice se encuentra prófugo. Según sus primeras declaraciones, ella planeó el crimen.

El doble homicidio ocurrió el pasado 11 de marzo en la noche, en el interior de la vivienda, ubicada en la colonia Hacienda de las Torres. Karen puso un químico en el café de sus parientes para dormirlas, pero la droga no hizo el efecto necesario, por lo que sus cómplices ingresaron y las sometieron.

Las golpearon con tubos, y Natalia fue abusada sexualmente, a la madre de Karen le fracturaron la columna. Con tortura las hicieron revelar el número confidencial de varias tarjetas de débito.

"Mi mamá me dijo que la viera a los ojos antes de matarla, que nunca se me iban a olvidar", dijo la joven, quien desde niña fue retirada por las autoridades de su familia biológica y dada en adopción a las Palmero.

El año pasado terminó un proceso de rehabilitación por su adicción al "cristal" y otras drogas, desde entonces -asegura- solo fuma tabaco, "ya ni siquiera tomo alcohol" dijo la quinceañera y futura mamá.

Karen personalmente puso bolsas de plástico en la cabeza de su mamá adoptiva y hermanastra, para que se asfixiaran. Ahí las dejaron morir y se fueron a comprar drogas.

Más tarde las llevaron a un terreno ubicado en el parque industrial Aero Juárez, las rociaron con gasolina y les prendieron fuego. "No queríamos que nuestras huellas digitales aparecieran en los cuerpos", confesó.

Familiares dijeron que a Karen nunca se le maltrató, su segunda madre trató siempre de que tuviera educación y valores, pero no lo logró, las adicciones y maltratos que arrastraba desde su nacimiento terminaron por imponerse.

Después de retirar dinero de cajeros automáticos y empeñar algunas joyas, el grupo se repartió el botín. A la autora intelectual del homicidio le tocaron dos mil pesos, a cambio de quitarle la vida a las únicas personas que de verdad la amaron.

Juan Arauz Web Developer